Ultimamente, el tema de los servicios bancarios se ha convertido en el dolor de cabeza para muchos de los clientes de los principales bancos del país. Si bien es cierto que en los últimos meses ha disminuido la efectividad en los tiempos de respuesta a nivel de transacciones efectuadas en agencias y sistemas de atención bancaria, se espera que la presencia de instituciones extranjeras en el país fortalezca los planes de crecimiento y modernización de las instituciones nacionales, para así poder alcanzar los estándares de competitividad que se manejan en esta materia a nivel internacional

Según se establece en la esencia del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la expansión de los bancos extranjeros en los mercados latinoamericanos tiende a estimular la competencia y aumentar a su vez la demanda de nuevos servicios financieros en la región. Esto lleva a que la liberación de los mercados bancarios se convierta en una alternativa para mejorar el crecimiento económico de países en vías de desarrollo. ¿El motivo? Fortalecer un sector financiero eficiente y competitivo que se convierta en base principal de la infraestructura que necesita cualquier nación para prosperar dentro de la dinámica actual que genera la globalización económica.

Al mismo tiempo, la apertura financiera implica la introducción de productos innovadores y nueva tecnología en este sector. Siguiendo esta premisa, las organizaciones locales tienden a convertirse en instituciones más competitivas y los consumidores locales comienzan a recibir importantes beneficios en materia de servicios.

Pero para la mayoría de los venezolanos esta teoría aún no se ha reflejado en la realidad bancaria nacional. A pesar de la llegada al país de instituciones de gran trayectoria ­como el Banco Bilbao Vizcaya, el Grupo Santander y el Grupo Infisa­, la mayoría de los servicios bancarios siguen manejándose bajo una óptica tradicional que se aleja de los criterios de competitividad y eficiencia que reinan a nivel mundial.

Esta situación ha generado no sólo el congestionamiento de las agencias, sino también de aquellos servicios conexos (cajeros automáticos, taquillas externas y operadores telefónicos) que no se dan abasto ante el crecimiento de una demanda de clientes que esperan recibir un mejor trato a la hora de realizar sus transacciones.

Colas kilométricas, líneas caídas, cajeros automáticos desconectados o sin posibilidad de emitir dinero en efectivo, centrales telefónicas abarrotadas y poca atención al cliente son ejemplos de una situación que se repite a diario en la red de sucursales de buena parte de los bancos nacionales desde que sucedió el colapso financiero en 1994.

Sin embargo, se espera que este panorama cambie en los próximos años cuando se concreten los planes de crecimiento de las principales instituciones bancarias. Estos planes incluyen tanto una actualización de la plataforma tecnológica como varios programas de entrenamiento del personal para mejorar considerablemente los servicios prestados a los clientes. De concretarse estas metas de modernización, la reducción en los costos de la banca venezolana se traducirían en efectos positivos para el desenvolvimiento de sus actividades.

Por ejemplo, estudios realizados por empresas de informática que asesoran a la banca local indican que la consolidación del home banking como servicio alterno reduciría de 1,5 dólares a 40 centavos de dólar el costo que genera una transacción por persona al banco.

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Fondo por M. J. Calvo, diseño de página por Alcides León. Ultima actualización Marzo 1998.