| Uno de los refugios más seguros en épocas de crisis es la inversión en bienes raíces, especialmente cuando las economías de los países, como es el caso de Venezuela, experimentan un elevado índice de inflación que todavía no se ha ajustado completamente en el sector inmobiliario.
Todos los factores apuntan a un boom en la construcción, tanto por la competencia en instrumentos bancarios, como por las tasas reales negativas (el precio del dinero se encuentra rezagado con respecto a la inflación). Por ello, los agentes del mercado creen que este es el mejor momento para adquirir vivienda o invertir en desarrollos habitacionales o de oficinas en zonas con alta demanda.
La principal razón para invertir obedece al rezago que registra la variación de los precios de los inmuebles (entre 55 y 65 por ciento) en comparación al crecimiento de 150 por ciento que mostraron los costos de los insumos de la construcción a fines de 1996.
En ese año la inflación en Venezuela cerró en 103 por ciento, mientras que los precios de venta de las oficinas crecieron 62 por ciento; los locales comerciales 85 por ciento y las viviendas 52 por ciento. Con el tiempo ese diferencial se ajusta a sus valores reales y el comprador no sólo gana porque su inmueble se revaloriza sino también porque venció a la inflación al adquirir un bien cuyo valor estuvo, en el peor de los casos, a 18 puntos por debajo del índice de precios.
Aunque en 1996 muy pocos pudieron adquirir inmuebles, debido a las pocas facilidades de financiamiento, ahora se abre una amplia gama de créditos, desde la Ley de Política Habitacional hasta los acuerdos directos con los bancos.
DINERO trae en su edición de mayo un análisis de la situación y los detalles y pistas para invertir en bienes raíces.
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